La Amazonia brasileña pierde cada año un territorio equivalente a más de un tercio de Bélgica por el avance de las actividades ilegales que la acosan: la pecuaria, el cultivo de soja y la tala, mientras el mundo debate la alarmante contribución de la deforestación de los bosques tropicales al calentamiento global.
La alarma en Brasil se disparó en 2004, cuando la deforestación alcanzó el pico histórico de 27.429 kilómetros cuadrados (casi el territorio de Albania).
El Gobierno adoptó un duro plan y la deforestación amazónica se redujo un 59% en tres años.
El Gobierno adoptó un duro plan y la deforestación amazónica se redujo un 59% en tres años.
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